EL SECRETO DE LA INTERCESIÓN
La intercesión, un elemento de nuestra vida personal de oración, es lo que he escogido en llamar como «la oración en beneficio de las necesidades, antes que por mí mismo». Es el ministerio sacerdotal de intermediación: alguien que se para entre el cielo y una necesidad en la tierra y peticiona al Padre por la victoria.
El escritor de Hebreos pidió a los santos que intercedan a su favor: «Oren por nosotros, porque estamos seguros de tener la conciencia tranquila y queremos portarnos honradamente en todo. Les ruego encarecidamente que oren para que, cuanto antes, se me permita estar de nuevo con ustedes» (Hebreos 13:18-19). Este pasaje nos da un secreto poderoso de la oración:
La intercesión acelera los propósitos de Dios en la tierra.
El escritor comprendía que iba a estar nuevamente con ellos, pero sucedería más rápido, si ellos estaban orando por él. Realmente podemos ganar tiempo con nuestras oraciones «aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos» (Efesios 5:16). Cuando la maldad amenaza, podemos posponer su llegada con nuestras oraciones; y cuando el bien se demora, podemos acelerar su llegada con nuestras oraciones.
Muchas cosas hay que Dios ha propuesto para este planeta, y, con toda seguridad, sucederán; la única pregunta es si ellas se producirán a través de nosotros: ¿Seremos partícipes? Si no oramos, los propósitos de Dios se cumplirán, pero no, rápidamente.
Se demorarán. He aquí el infinito poder de Dios para acelerar las cosas en la tierra y llevar los acontecimientos del mundo a su culminación. Él puede terminar con todo esto cuando quiera, pero está buscando una generación que se rehúse a ser pasada por alto, una generación tan desesperada por ser incluida que se esté entregando a sí misma a la oración incesante, violenta.
Una de las maneras más profundas en que usted puede amar a alguien es orando por él. La intercesión hace algo muy poderoso en el intercesor: Une su corazón con el de aquel por quien ora. En la intercesión, usted está invirtiendo su vida en la de otra persona. Es uno de los secretos del lugar secreto. Nuestras oraciones intercesoras se vuelven «cuerdas de afecto» que ligan los corazones de los creyentes, uniendo el cuerpo de Cristo en la mayor de todas las virtudes, el amor.
No era suficiente para Pablo estar convencido por sí mismo de que amaba a los otros santos. Quería que comprendieran claramente su amor por ellos: «para darles a conocer la profundidad del amor que les tengo» (2 Corintios 2:4). «Para que delante de Dios se dieran cuenta por ustedes mismos de cuánto interés tengo en nosotros» (2 Corintios 7:12). Por tanto, después de amar a alguien tanto como para interceder por él, ¿por qué no buscar alguna manera de asegurarle que estamos orando? Cuando sabe que usted lo ha hecho, sentirá y sabrá su amor por él.
El cuerpo de Cristo no funciona apropiadamente, sin los miembros orando los unos por los otros.
La oración es el sistema inmunológico del cuerpo de Cristo. A través de ella, echamos a las fuerzas invasivas que buscan enfermar y afligir el cuerpo de Cristo. La falta de oración en el cuerpo de Cristo es semejante a la lepra. Aprendí algo sobre esta enfermedad, de Paul Brand, un cirujano de leprosos. Dice que en ella los nervios dejan de funcionar bien, y no envían señales de dolor al cerebro. Las personas empiezan a perder los dedos de la mano o del pie en accidentes, porque no pueden sentir dolor cuando se lastiman. Trazando una analogía espiritual, cuando la iglesia no siente dolor por otros creyentes que sufren, eso está indicando la presencia de «lepra espiritual». Los nervios de la iglesia están muertos. Y luego, comienza a perder los miembros del cuerpo.
El dolor da señales al cuerpo para envíe ayuda a los miembros que sufren. Es absolutamente necesario para que el cuerpo pueda componerse y curarse. De esta manera, el dolor es una dádiva. Es crucial que sintamos el de los miembros que sufren en el cuerpo para que nos levantemos para reparar y curar en la necesidad. La intercesión es una respuesta al dolor. Clamamos porque estamos sufriendo. Clamores de intercesión son los gemidos vehementes de los creyentes suplicando al cielo, a favor de algún otro.
Con autorización del autor, compartimos este fragmento que ha bendecido nuestras vidas.




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